Relato del mes de Mayo: Santa Manolita.

Todo comenzó el día en que alguien le hizo un ligero comentario jocoso sobre su figura. Manolita Hierbabuena Chen y su sentido del ridículo decidieron, de común acuerdo, tener una reunión de a dos, de la cual se levantaron, después de un improvisado pero intenso brainstorming, habiendo decidido apartar de su dieta las grasas, el pan y los hidratos de carbono, las legumbres y cualquier alimento sospechoso de ser el culpable de redondear sus formas.

El vegetarianismo cuasi higienista estricto de Manolita conllevó también el abandono de los vicios reservados a los pobres mortales insatisfechos de su insulsa vida en el Estado del Bienestar: Se acabaron los cigarrillos, se acabó también el porro solidario y compartido, el alcohol, las rayas de cocaína de los fines de semana, el azúcar blanco, la sal refinada y los programas de televisión basura en horario de máxima audiencia. Incluso llegó al extremo de enemistarse con las bebidas gaseosas y azucaradas que poderosas multinacionales intentaban que consumiera constantemente desde poderosas plataformas mediáticas.

Manolita, totalmente inmersa y enganchada en la tarea de distinguirse de los demás, dejó su trabajo de cajera en un hipermercado y se dedicó en cuerpo y alma a los pobres. Continuaba yendo a su antiguo trabajo, pero lo hacía en calidad de cliente cleptómana y ladrona de comida que más tarde repartía entre los desheredados.

Se hizo adicta a las terapias alternativas, al yoga y a la meditación, y muy pronto se convirtió en un claro ejemplo viviente de espiritualidad  y renuncia a los placeres mundanos. 

También dejó de tener relaciones sexuales, incluso consigo misma (en algún texto budista o taoísta leyó algo sobre la transmutación de la energía sexual en cosas más provechosas cuando ésta no se utiliza).

Al año, Manolita tenía su propia secta de adoradores y adoratrices y caminaba por la calle seguida de un inmenso gentío que la intentaba imitar en cuanto podían. Y decimos en cuanto podían porque el furibundo puritanismo de Manolita Hierbabuena era literalmente imposible de seguir.

Cuando sus pobres adeptos comprobaron sus imperfecciones en sus propias carnes, comenzaron a volverse contra Manolita y a profesarle una envenenada envidia que muy pronto se tornó odio – profundo – que – les – quemaba – las – entrañas.

Pronto la secta se diluyó en el olvido y un inmenso vacío y la indiferencia más absoluta rodeó a nuestra protagonista.

Al principio eso le dolió en su amor propio, pero su ego estaba tan trabajado que pronto superó esas emociones superfluas y se dedicó aun más a ahondar en la búsqueda interior y el alejamiento total de lo terreno.

Manolita Hierbabuena Chen subió al cielo en estado casi gaseoso – y decimos casi porque en ese momento llevaba puesto en el dedo anular un sello de oro, metal noble que no sucumbió al milagro del cambio de estado de la materia – el 31 de Octubre del 2000, noche de difuntos, dejando tras de sí un desprecio absoluto, una ignorancia supina y algún que otro chiste aburrido a propósito de su virginidad anal, la cual se le suponía, pero que ninguno de sus biógrafos se atrevió jamás a asegurar.

Cual no fuera su sorpresa al llegar al cielo y ver a los parroquianos consumiendo todo tipo de manjares prohibidos, bebiendo exquisitos licores, regalándose los sentidos con toda serie de estimulantes y entregándose con vigor a los placeres de la carne, sin distinción de género, número, situación ni lugar.

Desde entonces, cuenta la leyenda que Santa Manolita de la Abstinencia Obstinada – canonizada por Juan Pablo II seis santos después que José Mª Escrivá de Balaguer (se conoce que fue un día prolijo en injusticias sacras)- vaga por esos mundos paralelos buscando un cuerpo en el cual reencarnarse y así resolver algunos asuntos pendientes, como probar el sadomasoquismo, los ñoquis, las discotecas after hours y, a ser posible, alcanzar su gran sueño, que es ejercer de rejoneadora  en Portugal.

Así que ya sabéis, amados lectores, si os morís, hacedlo deprisa.

Ella puede aprovechar ese momento fatídico en que estáis contemplando vuestro cuerpo muerto con el equipo médico habitual intentando reanimarlo para okuparlo y efectuar con él toda clase de excesos.

En caso de duda, encaminaos hacia la luz.

Xavi Demelo. RAD (Relatista aún desconocido)

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