Relatos histéricos de agosto

Amor visceral

Había una vez una niñita muy dulce que se llamaba Hígado de Pollo. Era muy infeliz. El día señalado, cuando llegó su príncipe azul, un niño muy dulce también que padecía un defecto en el habla, la niñita quedó prendada de la manera que tenía aquel niño de pronunciar su nombre.

Y aún siguen así, enamorados.

Cuando van a la  pollería, él pronuncia su nombre dulcemente y paga a la dependienta. Y ella le ríe, dulcemente también, mirándole con los ojos llenitos de amor.

Edén

Y Dios dijo: No es bueno que el hombre juegue solo… Entonces creó la primera ludoteca, llamada “Edén”. Después vendrían muchas más, incluso con otros nombres, igualmente originales: Heidi, Patufet, Nen@s, etc.

La información es poder

Se negó a pagar. Sentado frente a él, el cobrador de morosos se retrepó tranquilamente en su asiento y, mordisqueando su puro, le dijo, en tono de velada amenaza:

– Sé que su hijo está a punto de salir del colegio.

En el mismo tono, él le contestó, encañonándolo con su pistola:

– Sé que usted está a punto de salir de esta vida.

– Usted sabe más que yo – concedió el otro.

En la playa

Una ola revolcó a la niña, que aún no sabía nadar. Llena de arena, sal y con los mocos colgando, fué corriendo a contárselo a su papá, sollozando desconsoladamente.

Su papá insultó groseramente a la ola y la niña paró de llorar, asustada.

Tampoco había para tanto, pensó. Con un simple abrazo habría bastado.

En la playa 2

Los niños jugaban con las olas, ajenos a cuanto pasaba a su alrededor.

Las olas jugaban con los niños, conscientes de todo lo que pasaba.

Consejo paterno

– Feliz Navidad, hijo. Quiero regalarte estas cortas letras, a propósito de estas fiestas:

«Guárdate la Navidad dentro y úsala cuando la necesites. La Navidad existe, las fechas son aleatorias»

– Joder, papá… ¿Y la moto?

El poder de una letra

El AMPA del colegio no funcionaba, les negaban las subvenciones, la gente no participaba, etc. Un desastre. La junta cambió su vestimenta, comenzó a hablar en argot callejero, y se imprimieron tarjetas en las que ponía HAMPA.

Las cosas empezaron a cambiar. Y las personas, también.

Agradecimiento innecesario

El retrato de los niños presidía la mesita de noche. Cómo habían crecido. Y lo habían logrado sin ningún tipo de atención, cuidado paterno ni pensión alimenticia por su parte. Jamás le agradecerían todo lo que había hecho por fomentar su autosuficiencia e independencia.

Pero las cosas no se hacen para que te las agradezcan, pensó, mientras giraba el retrato hacia la pared y esperaba la llegada de la azafata de compañía, tumbado en la cama.

Anda, haz algún comentario, no seas rancio...

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